
Ella habita en la bahía
donde el viento y la lluvia
sacuden sin piedad alguna
jugando con los demás.
Pero es alta
como los verdes pinos
como las mareas altas
y me recuerda la primera.
Aquella que sin exigencias
ella, la primera, me permitió
acariciar sus senos,
besar sus labios,
penetrar en su interior.
Sin mas ni menos
se quedó a vivir en mí
para siempre, por siempre
desde recuerdos adolescentes
que resplandecen sin morir.
Oscar N. Galante
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